Nunca fui el más inteligente, ni el más trabajador, ni el más simpático, pero siempre fui el más feliz y el día que renuncié, lo fui aun más. Todos me preguntaron porqué lo hice y yo solo me encogía de hombros y sonreía cada vez que lo escuchaba, porque sabía que mi respuesta nunca iba a ser lo suficientemente buena para complacer a todos, cuando ni siquiera había logrado convencerme a mí mismo.
-Si sigues así nunca vas a lograr nada- me dijo mientras yo veía fijamente mi celular.
-Uno nunca sabe, tal vez aquí logre encontrar el amor- dije calmadamente.
Ella se enojó tanto que casi le da un aneurisma. No valió la pena, ya que en mi búsqueda por encontrar el amor lo único que logré fue descargar decenas de juegos y no acabar ninguno por no ser lo suficientemente constante.
-¿Que día es hoy?- pregunté
-12
-No, me refiero al día, no a la fecha ¿martes, miércoles?
-Lunes, apenas ayer fue domingo ¿como puedes no saberlo?
-Acuérdate que para mí todos los días son inhábiles.
-Bagre
-Tu mamá.
Y esa es la historia de la peor paliza que me dio mi mamá y ocurrió cuando tenía 8 años, 2 semanas después de haber renunciado a mi trabajo de repartidor de periódicos.
Tal vez seamos menos peros somos monos. Trabajadores de la industria bananera
jueves, 21 de marzo de 2013
martes, 25 de diciembre de 2012
Rêve de Noël
Estábamos sentados a la orilla
de una piscina muy grande, era de tarde y empezaba a oscurecer,
platicábamos y se intuía algún tipo de complicidad en nuestras miradas.
-Voy a salir al rato en la noche-
me dijo sin particular énfasis.
Después de un rato de estar
hablando noté que tenía una cicatriz en la parte exterior de su mano, se la
tomé para mirarla, en ese momento ella se dio cuenta de que yo también y me dijo
“No sabía” y me dio un beso.
Eran besos simples, como de antes
de los quince, besos más tiernos que pasionales. Probablemente escurrían por mi
cara lágrimas de felicidad, pero la de ella sólo mostraba la misma alegría radiante de siempre.
No recuerdo su traje de baño, y
si lo intento imaginar ahora probablemente vendrá a mi memoria el primero que le vi, uno
blanco con doble sistema de sujeción superior. Después de besarnos como medio
minuto usó la conjugación imperativa del idioma español y profirió lo siguiente:
-
Vamos a practicar hoy en la noche-. No recuerdo
haber contestado, realmente no recuerdo haber hecho sonido alguno, el estado
que dominó toda mi experiencia fue una constante estupefacción.
-
¿No te vas a poner incómodo cuando nos
vean?-. Era una pregunta rara, ahora que
lo intento analizar tal vez lo veo como que ella me hacía un favor, puede que
no y sólo estoy delirando.
Dormí en un hotel cerca del mar, probablemente en la costa
del pacífico. La orografía del lugar presentaba varias elevaciones y las casas
fueron construidas encima de ellas, vi cuatro hileras de casas o
establecimientos en ascenso desde el muelle.
El camión en el que llegué surfeó
entre las calles en bajada hasta llegar al hotel, lo siguiente que pasó es que
concentré mi ropa en un solo punto y la tomé con mis brazos (por alguna extraña
razón no tenía maleta). Salí del hotel y tomé un camión para dirigirme hacia
una academia de tae kwon do, en el trayecto hacia tomar el transporte me
encontré con un amigo que me dijo algo molesto, no recuerdo que fue, ni la
gravedad de sus asuntos.
Al tomar el vehículo de transporte urbano, que era de un
modelo antiguo muy parecido a los de películas gringas de universitarios,
recuerdo no haber pagado. La carreta enorme motorizada estaba llena de gente,
sin embargo, yo encontré lugar adelante y me senté.
La academia era como de cinco por seis metros, su piso era
de duela, estaba pintada de negro, iluminada por barras blancas de luz y tenía
un pequeño cuarto con una puerta de vidrio enorme y marcos de aluminio al
fondo.
Cuando entré me
dirigí hacia una esquina donde había un Xbox y alguien de ahí me mostró el
juego de Scarface y lo insertó en la bandeja del aparato, un instante después
volteé y ahí estaba ella. Me acerqué y la saludé con un beso, ella lo hizo con
una sonrisa.
Un niño como de seis años de
cabellos rubios salió de alguna parte de la región posterior del local. Llevaba
una camisa tipo Sport y corría de un lado otro, hablaba de que había vomitado y
de su capacidad para “hacer popó” mientras dormía, ella hablaba con él y yo lo
miraba correr y dar vueltas sobre su eje. Fuimos felices, no me queda duda, con
un mirada sabía que no necesitaba más, que yacía en frente de mi lo que quería
y que los mejores momentos de mi vida se acercaban.
Segundos después sonó mi teléfono:
-
Hijo no puedo entrar a internet.
-
Es que se lo apagué ayer.
-
¿Y cómo le hago?
-
Dime que dibujos tienen las teclas de función.
-
F1 nada, F2 nada, F3 paréntesis haciéndose cada
vez más grandes.
-
Aprieta ese y Fn.
-
Hijo eres todo un ingeniero, gracias y perdón
por despertarte.
Unos momentos después mandé un mensaje, encendí mi
computadora y me dispuse a escribir mi sueño navideño.
viernes, 14 de diciembre de 2012
Azar
Que hubiera sido de mí si aquel día no hubiera ido a esa fiesta después de un día cansado, antes de irme de viaje.
Una vorágine de sucesos ocurrieron a partir de ese día, la mayoría de ellos malinterpretados, otros cuantos inventados y los restantes más trágicos de lo que en realidad fueron para ella.
Ahí estaba ella sonriendo sin razón o debido a algo que todavía no entiendo y no creo ya poder estar en posición de entender. Eran sus rizos o su delgada figura algo hipnotizante, pudieron haber treinta super modelos en esa fiesta rogando por mi atención y yo las hubiera ignorado a todas; a veces pienso que algo tiene que ver su olor en ese encanto invisible que posee.
Platicábamos acerca de trivialidades, era una plática estúpida, ondulaba entre yo menospreciando su carrera y nuestras primeras experiencias sexuales. Moría de frío y yo lo disimulaba muy mal, durante mucho tiempo estuve intentando evitar ir al baño,pero cuando fue demasiado me rendí a mis urinarias necesidades; mi falta de tino hizo que sepan los que estaban que orinaba felizmente y ella con su sinceridad siempre ausente gritó“Ciérrale a la llave”, provocado hilaridad en todos y un gesto de condescendencia por parte de la novia de un amigo.
Es usual que se menosprecie el valor que tiene el azar en nuestras vidas, si te detienes a pensarlo casi siempre las mejores cosas pasan por casualidad. Personalmente siempre me consuela o me engaño pensando que eventualmente algo extraordinario pasará sin que yo lo provoque, alguien me invitará un kibi, en el canal de Exa estarán pasando un concierto de Arctic Monkeys (esto en realidad pasó y así fuecomo los conocí) o me encontraré 20 pesos tirados.
Siempre le pongo random a mi reproductor de música con la esperanza que encuentre algo que no conozco y me guste. Una de las razones por las que no me gusta Subways es que al llegar ahí nunca tienes sorpresas, abres la puerta, te saludan y te preguntan cada aspecto posible de la manufactura de tu sándwich, además de que te hacen pensar, difícilmente encontrarás algo que nunca hayas probado, pues siempre escogemos lo que ya ha probado su eficiencia.
Ella es constantemente cero, si tú la llegaras a conocer verías a una chica alegre que parece disfrutar un sábado contigo hasta que éste se convierte en domingo, lo más interesante es que alguien poco observador podrá pensar en algo parecido a la exclusividad. Ella es como el mar, siempre alegre, siempre azul para todos o casi todos.
Alguna vez le dije lo que dijera Oscar Wilde: Tú quieres a todo el mundo, lo que viene a
ser como no querer a nadie. Y ella me dijo “No cierto” con voz infantil y yo le dije, pero piénsalo, y ella me dijo“No cierto”.
viernes, 7 de septiembre de 2012
En mi habitación
Suelo recordar aquellos tranquilos momentos acostado en mi hamaca contemplando el exterior desde mi habitación, desde mi hamaca podía ver el sol ocultarse por la tarde y a la luna desaparecer al alba, observaba mi patio tan lleno de vida, tan alegre.
Mi habitación con una pared verde y las demás blancas cobijaba mi cuerpo cuando mi imaginación tomaba mi mente y se la llevaba a ejecutar tanto suceso inverosímil que pudiese ocurrirseme y si he de ser sincero eran bastantes. Mi madre me regañaba porque mi habitación no estaba en orden, porque las cosas no estaban en su lugar, me decía que si me gustaba tanto mi habitación entonces porque no la mantenía limpia para que no me dañase aquel archienemigo de tan solo unos cuantos micrómetros de diámetro conocido como polvo; por mucho que me fastidiasen sus llamadas de atención diarias sabía, sin embargo, que no era correcto que mis tres pares de zapatos deambularan por las cuatro esquinas del cuarto, que mis camisetas, bermudas y pantalones se apilaran peligrosamente en la silla del escritorio, que mis cuadernos y libros ocupasen un lugar ya en el rincón más recondito del inmueble, que mi mochila barriera la capa de polvo del suelo que nunca se limpiaba, entre otros tantos desperfectos míos.
Un buen día arreglé mi amada habitación, tomé mi mochila con unas cuantas cosas dentro, besé a mi madre y salí al mundo para ver que encontraba.
Después de un ciclo de vagar sin sentido haciendo a veces algo por aquí y por allá, encontré un jardín en cuyo centro había plantado un hermoso árbol que se elevaba 10 metros hacia el cielo y daba una magnífica para poder acostarse en el suave pasto y observar las flores y los animalillos que por ahí se encontraban.
Como soy un hombre inquieto terminé por romper el hielo y hacerle plática a las hormigas que a diario observaba subir a la copa del árbol, tomar comida y bajar de nueva cuenta hasta su hogar, sin quejarse ni dudar. Me sonrieron algunas y otras tantas me devolvieron el saludo, no podía culparlas por no detenerse, su faena constante se los impedía y ello las justificaba. Este hecho sin embargo llamó la atención de los demás seres que habitaban el jardín y que al final de ese día ya me conocían de toda la vida.
Comencé a su vez a frecuentar a un amistoso, aunque inquieto, caballero de plateada armadura a quien había conocido durante mis andanzas previas a encontrar el jardín, su plática acerca de la necesidad de establecer un gobierno equitativo y justo en su pueblo, junto con los deliciosos tés de hojas místicas que bebíamos durante largas horas me inflamaron el corazón y, habiéndolo discutido con mis amigos del jardín, decidí tomar parte en la afrenta y asegurar de esta manera el bienestar de un pueblo.
Ahora en estas actividades reparto mi tiempo, por las mañanas al lado de un séquito de valientes caballeros combatimos por los valores que me inculcaron mis padres y por la tarde voy al jardín a descansar y platicar con mis pequeños y entrañables amigos, sin embargo, cuando veo el ocaso, no puedo evitar el recordar mi habitación y a mi madre.
Cuando voy a dormir, es cuando más pienso en ellos, si mi madre me viese ahora se sentiría orgullosa, mi cuarto blanco está completamente limpio, tal como mi camisa de largas mangas y mis pantalones blancos también, la falta de moviliario no me molesta pues me acomodo en las mullidas paredes y espero a aquellos alegres jóvenes que vienen a traer sus frascos de sueños líquidos. El único verdadero problema con mi habitación es que no tiene ventanas.
Mi habitación con una pared verde y las demás blancas cobijaba mi cuerpo cuando mi imaginación tomaba mi mente y se la llevaba a ejecutar tanto suceso inverosímil que pudiese ocurrirseme y si he de ser sincero eran bastantes. Mi madre me regañaba porque mi habitación no estaba en orden, porque las cosas no estaban en su lugar, me decía que si me gustaba tanto mi habitación entonces porque no la mantenía limpia para que no me dañase aquel archienemigo de tan solo unos cuantos micrómetros de diámetro conocido como polvo; por mucho que me fastidiasen sus llamadas de atención diarias sabía, sin embargo, que no era correcto que mis tres pares de zapatos deambularan por las cuatro esquinas del cuarto, que mis camisetas, bermudas y pantalones se apilaran peligrosamente en la silla del escritorio, que mis cuadernos y libros ocupasen un lugar ya en el rincón más recondito del inmueble, que mi mochila barriera la capa de polvo del suelo que nunca se limpiaba, entre otros tantos desperfectos míos.
Un buen día arreglé mi amada habitación, tomé mi mochila con unas cuantas cosas dentro, besé a mi madre y salí al mundo para ver que encontraba.
Después de un ciclo de vagar sin sentido haciendo a veces algo por aquí y por allá, encontré un jardín en cuyo centro había plantado un hermoso árbol que se elevaba 10 metros hacia el cielo y daba una magnífica para poder acostarse en el suave pasto y observar las flores y los animalillos que por ahí se encontraban.
Como soy un hombre inquieto terminé por romper el hielo y hacerle plática a las hormigas que a diario observaba subir a la copa del árbol, tomar comida y bajar de nueva cuenta hasta su hogar, sin quejarse ni dudar. Me sonrieron algunas y otras tantas me devolvieron el saludo, no podía culparlas por no detenerse, su faena constante se los impedía y ello las justificaba. Este hecho sin embargo llamó la atención de los demás seres que habitaban el jardín y que al final de ese día ya me conocían de toda la vida.
Comencé a su vez a frecuentar a un amistoso, aunque inquieto, caballero de plateada armadura a quien había conocido durante mis andanzas previas a encontrar el jardín, su plática acerca de la necesidad de establecer un gobierno equitativo y justo en su pueblo, junto con los deliciosos tés de hojas místicas que bebíamos durante largas horas me inflamaron el corazón y, habiéndolo discutido con mis amigos del jardín, decidí tomar parte en la afrenta y asegurar de esta manera el bienestar de un pueblo.
Ahora en estas actividades reparto mi tiempo, por las mañanas al lado de un séquito de valientes caballeros combatimos por los valores que me inculcaron mis padres y por la tarde voy al jardín a descansar y platicar con mis pequeños y entrañables amigos, sin embargo, cuando veo el ocaso, no puedo evitar el recordar mi habitación y a mi madre.
Cuando voy a dormir, es cuando más pienso en ellos, si mi madre me viese ahora se sentiría orgullosa, mi cuarto blanco está completamente limpio, tal como mi camisa de largas mangas y mis pantalones blancos también, la falta de moviliario no me molesta pues me acomodo en las mullidas paredes y espero a aquellos alegres jóvenes que vienen a traer sus frascos de sueños líquidos. El único verdadero problema con mi habitación es que no tiene ventanas.
domingo, 19 de agosto de 2012
El color dorado.
En mi caja dice Prismacolor
lápices de color y yo estoy confundido. En algún momento de mi educación
inicial aprendí que los colores se formaban mezclando 3 colores primarios, y el
dorado ¿qué es?
Si el dorado no nace de la mezcla
de colores primarios, entonces no existe, pero lo podemos ver tocar oler y
mascar en nuestra caja de colores. Eso me hace pensar que día a día
interactuamos con objetos, situaciones o personas que no deberían existir y si
embargo ahí están.
Durante un tiempo utilicé el
descubrimiento de la existencia imposible del dorado para justificar la
creencia en un Dios, si existe el dorado entonces probar la existencia Dios
debe poder hacerse siguiendo el mismo procedimiento.
Luego analicé que no es tan
trivial, si bien los dos podrían compartir la característica de existir a pesar
de su imposibilidad, la comprobación de la existencia Dios se complica en el
punto de que no hay existencia de ninguna prueba que sea susceptible de ser
percibida por los sentidos humanos o por sensores mecanizados.
Con el color dorado tenemos la
ventaja de poderle hacer pruebas y manipularlo, podríamos destruirlo para
intentar reconstruirlo, podríamos comérnoslo, pisarlo o sólo dejarlo asentado.
De Dios no sabemos nada y tampoco se ha preocupado por desvanecer nuestras
dudas, lo más fácil es pensar que Dios no existe.
Aunque lo más fácil es pensar que
Dios no existe siempre estará la posibilidad de que la última respuesta lo
defina, mientras el ser humano sea incapaz de explicar de manera inequívoca
todo fenómeno natural y defina como natural todo evento que no lo parezca
podremos estar seguros de que Dios no existe.
Para explicar esta idea
últimamente se me ocurrió compararla con el sistema electoral mexicano, el cual
siempre ha tenido problemas con la izquierda y en fechas cercanas con un
candidato presidencial del Oriente de Tabasco, no sabremos que la izquierda
perdió hasta que todas las pruebas (válidas o no, que por cierto parecen interminables y por eso comparo este fenómeno con la búsqueda humana del
conocimiento último) hayan sido revisadas por la máxima autoridad electoral,
que en este caso es el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación. Los mexicanos sabrán si
Dios existe o no el día en que este proceso acabe y se defina al nuevo
presidente.
jueves, 12 de julio de 2012
Ficciones verdaderas 3
Abandonado antes de empezar mi proyecto de
aprender a escribir con la
mano izquierda, me esforcé en poder llegar a conocer los límites en los cuales
la autocomplacencia encontraba el fin de su producción de endorfinas.
Al ver que tal vez ese límite no
existía y que buscaba en un callejón sin salida me puse a pensar en una forma de acabar con el
aburrimiento característico de mi vida. Nunca se me ocurrió.
Un día tuve la oportunidad de ir al puerto con personas no gratas
excepto una, para la cual yo no era grato. Después de perder en repetidas ocasiones jugando
basquetbol y ante la mirada
idiota de pueblerinas sentadas en un kiosco decidí retar a la autoridad tomando una bebida
no alcohólica que lo pareciera.
Un oficial me instó a tirarla dada la
ilegalidad aparente de mi proceder, mis pocas ganas de entrar en consideraciones
con un oficial un tanto estúpido me
hicieron acatar sus ordenes.
Decidí dar un paseo por el malecón
tomando fotos de chilangas que querían parecer gringas al hablar en inglés,
pensando en el porqué del calor y la escasez de niñas bonitas la vi.
Ahí estaba, rodeada de gente como
siempre, algunos kilos de más descansaban en sus pliegues pero no eran
demasiados, mi vieja obsesión de la secundaria, a la cual tirara una piedra
accidental en la cabeza, ahí estaba.
Pensando en que hacer me
golpeé la cabeza con un buzón para después resbalar en un charco de cerveza.
Al
despertar recordé que había llegado ahí acompañado, pero ya no me importaba,
noté que me sangraba la cabeza, sin embargo, seguí caminando.
Siempre me había preguntado como era
ella, pues aunque pude haber hecho y tenido todo jamás hice ni tuve nada, por idiota,
pequeño, orejón no lo se, bueno si lo sé, pero no se oye bien.
El caso es que al llegar a ella con
los ojos a medio abrir y
con sangre por toda la cara sus amigas corrieron, pero ella no (estaba de
espaldas).
La saludé y la invité a ver transformers,
ella no me saludó y sólo
dijo no.
Vimos transformers llámalo suerte, un
milagro, brujería vudú, etcétera, el
caso es que pasó.
No vi la película, preferí verla, ver sus pómulos rellenos
y sus manos llenas de cara salsa de palomitas. No dije nada.
Al llegar a su casa comimos 7 pedazos
de pizza y vimos el noticiero de las 10 y de lo que nunca me hubiera imaginado
me di cuenta, “era aburrida” tanto o más que yo. Para un idea más concreta
estuvimos hablando tres
horas acerca de la capacidad de Dios de comerse un burrito tan caliente que ni
él pudiera comer. Después de pasar por Guillermo de Ockham, Descartes, Habermas
y Chespirito decidí besarla para que se callara. El beso duró un minuto, acto
seguido me golpeó.
No fue una cachetada ni un pequeño
puntapié, fue como un golpe de Tyson, no sé como golpee ese muchacho, pero debe
estar muy cerca.
Dos horas y medio litro de sangre después llegó la ambulancia que
pidió. Necesité de 7 puntadas y fue ahí donde me enteré de mi hemofilia debido
a mi ascendencia real… bueno eso no es
cierto.
El caso es que después de ese suceso
no la llamé aunque pude y tuve las ganas, a veces hay cosas que simplemente no
repites, como comer pastel con salsa cátsup.
Para los que quieran saber como
ladraba mi perrita Atenas, ahí les va:
Wawarawarara…u waf…wafwaf. Y se repetía varias veces
sábado, 23 de junio de 2012
Consulta
Aquí estoy en el hospital una vez más, la fila en la sala de
espera es interminable y para colmo todos parecen estar muriendo, me conformo
con al menos uno que tenga solo una gripita para que esto se agilice, además, no
hay ni siquiera una sola mujer que valga la pena observar por más de 3
segundos, bueno excepto tal vez la que tiene un juanete con forma de hongo,
ella si me dio curiosidad; pero fuera de eso, nada de nada. ¡Dios, como odio
estar aquí! Para colmo no hay ninguna tele encendida donde al menos pueda ver
el futbol o las caricaturas, o ya de plano, La Rosa de Guadalupe, no hay pedo
que no tenga volumen.
El aire acondicionado dejó de funcionar desde hace un rato,
que bueno, porque ya me había desesperado el tipo que estaba temblando ahí
abajito de las ventilas, si tiene tanto frío que se vaya junto a la gorda del
rincón. Aquí viene, ya la sentí, otra gota de sudor, sabía que no debería haber
traído esta ropa, solo a mí se me ocurre venir tan caluroso.
Debí haber comprado una revista o ya de plano un periódico antes
de venir, pero estaba tan apurado que no lo pensé, por eso ya tuve que leer
esta caja de medicinas por 3ra vez para ver si así me entretengo.
De repente un señor se me acercó y comenzó a hablar pero no
le presté mucha atención, porque me quedé viendo fijamente su nariz, tenía algo
así como granos con pus. Que desagradable.
Una hora pasó y como vi que esto no iba a ninguna parte ya
no aguanté más, me levanté y le dije a la enfermera:
-Cancele mis demás citas, ya no voy a atender más por hoy.
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